FIN DE LA TEMPORADA DE CAZA
Tan solo 20 km. nos separan de la capital... y todo un abismo cultural, educacional... la España Profunda.

La temporada de caza ya ha terminado, y asisto, otro año más, espantada al exterminio, abandono, desentendimiento y masacre de los fieles animales que son los perros de caza.

Dicen las asociaciones defensoras que unos 50.000 galgos son eliminados cada año, y otros 50.000 perros de las demás razas cazadoras siguen la misma suerte. Yo no lo sé. Desconozco las cifras... y odio las guerras matemáticas. Solo sé lo que veo. Lo que he vivido cada año de mi vida. Aunque solo sean 5.000, ó 500, ó 50, Me da lo mismo. Son demasiados.

Hace unos días una amiga me avisó. E...., hay un galguito blanco abandonado en tal pueblo. Yo le estoy dando de comer, así que podíamos intentar echarle mano.

Ese pueblo (20 km. de la capital) ha estado cinco días aislado por la nieve, y el viernes pasado aún conservaba rastros de ella. Frío, mucho frío. Pobres animales.

Tres horas dando vueltas por el pueblo, por los campos, por las fincas y corrales. Ni rastro. Entre tanto, unos quince perros vagabundos buscándose la vida en el vertedero. Otros tantos campaban a sus anchas por el pueblo. Sucios, mojados... Son perros con dueño, pero sin atención. Cuando hay suficientes, avisan a la perrera-recogida de basuras. Cargan el camión con ellos y... al cielo de los perros.

Corrales llenos de perros con el suelo por cama y el cielo por techo. Granjas llenas de perros ateridos. Parcelas vacías, llenas de perros suplicando una caricia.... perros, perros, perros...

Mientras buscábamos al galguito blanco avistamos otro galgo negro. Un esqueleto aterrorizado, que se ponía de manos en las furgonetas aparcadas y arañaba frenético los cristales ¿le recordaban a la de su hijoputa galguero? ¿a la que le llevó lejos de su "casa"?

No pudimos acercarnos a él. Tan solo dejarle comida y esperar... por si otro día pudiéramos cogerle. Si resiste. Si vive. Si se deja, si tenemos dónde meterle...

El galguito, mi Manolito, apareció. Un poco de comida y fué fácil ponerle un collar. Yo aún no sabía lo increíble que resultaria ser este perrito. Montado en el coche se durmío, descansó feliz por primera vez en mucho tiempo, en ... ¿su vida?

Los paisanos, pues contemplando el espectáculo con burla, sorna, incredulidad ?¿ Me da igual. Ni estoy loca, ni soy una amargada, ni nada por el estilo. Que piensen y se rían todo lo que quieran. Más me reía yo cuando lo llevaba cogido de la correa.

 

Mientras buscábamos a Manolito preguntamos a por él. "se habrá muerto, porque lleva más de un més por aquí abandonao" "no, al blanco no... pero hay uno negro por ahí hecho polvo", "pues hay otro que le han quitao el collar..."etc. etc.

Por suerte mi Manolito acaba de nacer.

Tan solo 20 km. nos separan de la capital... y todo un abismo cultural, educacional... la España Profunda. Gentes de mirada torva, oscuros... y corazones de piedra. Los urbanos sentimos cierta satisfacción al considerarnos cada día más Europeos, pero no hay más que alejarse unos pocos kilómetros de las capitales para ver que poco ha cambiado. O quizás mucho ha empeorado. En estos días cientos (¿miles?) de galgos vagan por los campos de Castilla, Andalucía y Extremadura, condenados a una muerte segura, tan solo unas decenas podrán ser salvados. Otros entran en camiones llenos a los centros de exterminio. Y otros muchos encontrarán la muerte de las formas más agónicas, crueles y lentas que su galguero pueda imaginar.

Y nada os cuento desde la teoria, o lo que dicen unos, o denuncian los otros. El primer ahorcadero de galgos lo descubrí a los 8 años, en la finca colindante a la urbanización donde vivimos. Y no solo acababan ahí los galgos. Los perritos de la urba que se escapaban en busca de aventuras, si topaban con el guarda, hasta ahí habían llegado. Cada vez que nos adentrábamos en aquella zona, 3, 4, 5,... o más perros pendían de un tronco atravesado. Galgos anónimos, el perro del vecino...

Después de ese ahorcader, siguieron otros. Y otras cosas, que quizás solo vemos quienes vivimos en las zonas de caza.

Este post podría ser largo, larguísimo, porque cuando me pongo a teclear no paro... pero, hasta aquí por hoy.

Y ya me diréis, que éste no es el único problema, que los animales, como las personas, nacen con buena o mala suerte. Que hay otros que sufren, otras cosas que también precisan nuestra atención, otros desastres... claro que sí. Mucho de todo. Pero siempre pienso que tal y como está planteada esta vida, medio mundo debemos acudir al auxilio del otro medio. Sean personas, naturaleza, patrimonio, galgos, o galápagos de los mares del sur.

A mí me ha tocado ésto, pero no me impide intentar ayudar en otras cosas. Ni un problema, me tapa los ojos de otros.

Desgraciadamente.

Mensaje enviado por Elena