GUARDO, PALENCIA : * ROKY * UNA HISTORIA EN LA QUE NO SE HA ESCRITO UN FINAL......

Hola, soy el narrador de esta historia, un poco bonita, un poco triste, un poco divertida y un pelín dura, me imagino que igual que todas las historias que relatan vidas.

Hace casi 4 años viene al mundo Fabio, un niño que tuvo mucha prisa en nacer, llegó de repente, sin que nadie de su familia…ni siquiera él mismo estuviera preparado… pero, bueno, para no entretenernos resumo: A día de hoy Fabio es un niño “brillante”, de esos a los que la vida se lo pone un poco difícil y cada reto conseguido, cada obstáculo vencido produce un brillo precioso, que llena de alegría a Fabio y a todos los que le conocen.

Por otra parte hace poco más de un año llega a este mundo “Roky”. Un perrito pequeño de tamaño, grande de experiencias. Pese a que Roky no pesa más de 5 kilos carga sobre su peculiar cuerpecito el peso enorme de una vida llena de tristezas.

Sin saber porqué mala jugada del destino, Roky cae en manos de una persona sin corazón, de esas a las que el dolor, las desgracias o el malestar de un animal no les produce la más mínima turbación, no merece la pena dedicar más palabras a esta pseudopersona.

Roky es maltratado, atado a la intemperie y nunca recibe esas caricias que saben a cielo y que hacen que un perrito sea feliz. Pero Roky piensa que eso es normal, no conoce otra cosa… y como veremos después… realmente a Roky le cuesta un poquito más que a otros perros comprenderlo todo… Es un perro “brillante”.

Llega un día en el que la pseudopersona se cansa de ver a Roky y lo abandona a su suerte. Roky pierde ¡4 kilos! Pobre Roky… deambula buscando comida hasta que su único deseo es que algo termine con su agonía… una muerte rápida por favor… que acabe con estos dolores…desea el pobre Roky.

Pero… en esta vida existen los Ángeles, no de la manera que nos han contado, otros Ángeles de esos que se pueden tocar, oler, lamer… En nuestra historia son ángeles de la protectora de Guardo, de carne y hueso, quienes ponen fin al suplicio de Roky, lo ayudan, lo llevan al veterinario, lo curan con medicación y sueros y Roky empieza a saborear eso que sólo veía en otros perros, eso que sabe a cielo, ¡Mejor que las salchichas!: Son caricias, cariño.

Roky se va recuperando y acostumbrando a ese cariño que encaja estupendamente en su vida… que parece que se arregla… aunque por alguna extraña razón le cuesta más que a otros perros hacer esas cosas tan divertidas que hacen ellos como saltar, ladrar y jugar a traer la pelota… Los otros perros lo aprenden enseguida, piensa Roky, yo… ni siquiera llego a entender qué es jugar.

Bueno, en esta parte de la historia es cuando Fabio y Roky se conocen, gracias también a dos buenas personas a las que vamos a llamar Miguel y Angeles, que por casualiades de la vida ponen en contacto a la familia de Fabio que quería un perro y a Roky a través de Patri y Genoveva.

Roky cambia de casa, le gusta, es una familia con abuelos y todo pero…¿Quién es ese?, ¿Por qué lo quiero tanto? Huele a cielo, a sencillez, a niño… Roky enseguida establece un vínculo muy especial con Fabio. Se da cuenta de que quiere tanto a ese niño…Eso lo tiene muy claro, el resto de su vida… es muy confuso, tiene “sensaciones extrañas”. La nueva familia de Roky está contenta, pero… ¿Le pasa algo a este perro?.

No juega, no ladra, da mil vueltas al perímetro de una habitación, se asusta y muerde a algún miembro de la familia (jamás a Fabio, a él lo adora)… “Es cuestión de tiempo, tiene que adaptarse” se repite la familia adoptante. Mientras tanto le colman de caricias, de esas que saben a cielo.

Pero…también le riñen… “¿Cómo no aprendo las cosas?” se pregunta Roky. La situación se vuelve difícil… la familia ante el temor de que Roky sufra o haga

daño, consulta con la protectora de animales de Guardo, que les indica dónde pueden acudir: Hospital Clínico Veterinario de León.

La familia con el corazón encogido de pena ante el temor de que en el Hospital les den como única solución el sacrificio de Roky, emprenden un angustioso viaje hacia León, la madre recuerda cómo Roky quiere a Fabio, el padre piensa cómo él mismo quiere a Roky… están a punto de darse media vuelta cuando llegan a la puerta pero… ¿y si Roky está sufriendo?... Hay que entrar.

Una vez que entran en el Hospital, todo cambia, les atiende un Doctor, al que llamaremos Dr. M., hizo a Roky todo tipo de pruebas y exploraciones, les alegra el alma cuando les dice que no cree que Roky sufra, su vida transcurre en un estado de semiinconsciencia. Hay que esperar el resultado de la resonancia pero Roky vuelve a casa.

Roky sigue disfrutando cada vez que se acuesta sobre Fabio, apoya su cabeza sobre las piernas del niño como si el calor que le pueda dar hiciera que algún día esas piernas fueran veloces y corrieran junto a él.
La llamada llegó. El Dr. M. telefonea a la familia. Algo no va bien en la cabecita de Roky su cerebro no se ha desarrollado… es “un perro discapacitado mental”. La noticia es dura, pero… no se engañan, no les sorprende, ya veían que Roky era…”un perro especial”, y por eso los padres en la familia tiene muy pensada su decisión:
ESTO VA A SEGUIR HACIA ADELANTE , Roky no es el perro perfecto, pero…¿hay alguien así? Quieren a Roky, le proporcionarán el tratamiento que el Dr. M. les diga y seguirán dando a Roky las caricias que saben a cielo. Mantendrán la esperanza… Roky puede mejorar. Cuentan con la ayuda de la Protectora de Guardo que les acompaña en cada decisión sobre el perrito.
Roky seguirá adorando a Fabio, estará a su lado, queriéndole, y Fabio continuará jugando con el rabito del perrín ¡Sólo a él se lo permite!.. No se puede decir que este cuento se acabó, porque queda mucho camino, un camino con la esperanza de que las cosas… mejoren...

ROKY… EL FINAL DE LA HISTORIA

¿Os acordáis?: Roky, Fabio… unos seres especiales… ¡Sí, esos! Yo sigo siendo el narrador de esta historia que continuó así:

Durante varios meses Roky fue un perro feliz: saltaba, jugaba, obedecía, comía… un perro como todos los perros que alcanzaba su máxima felicidad cuando estaba junto a Fabio... “¡Cómo le quiero, lucha Fabio que te ayudaré siempre!... Fabio miraba a sus pies buscando al perrito mientras con su mano signaba “perro, perro”. Su relación fantástica seguía evolucionando.

Los meses pasaban dentro de la normalidad… hasta que un día Roky enfermó, su estómago no iba bien pero la familia en silencio, sin atreverse a comentarlo unos con otros, vieron como el perrito volvía a hacer esas cosas “raras” que hacía al principio. Lo llevaron al veterinario… Hay que esperar, no sabemos…

Aquella tarde el aire estaba pesado y algo en la luz del sol hacía que la tarde fuera una tarde “inquietante”. La madre llegó primero a casa: “¡Roky, Roky, ven bonito la medicina!” pero Roky no venía y la madre se temió lo peor buscó por el jardín sin querer encontrar lo que sabía que iba a encontrar y sí, allí estaba, el cuerpecito de Roky, inmóvil, quieto, sin esas cosas “raras” que hacía… sin vida. Sin poder evitarlo, lloró, lloró delante del cuerpo del amigo de Fabio hasta que los ojos no quisieron o tal vez no pudieron soltar más lágrimas. Avisó al padre que respondió con un silencio helador al otro lado del teléfono, ¿quizás lloraba? ¡Qué vacío, qué tristeza!

En la mente de esta familia queda un vacío enorme ante la marcha de un perro tan pequeño. La sonrisa aparece cuando piensan que por lo menos esos meses Roky fue feliz, y conoció el cariño de una familia y sobre todo del niño brillante.

Pero… ¿Fabio? Fabio no lloró, Fabio signaba y sigue signando la palabra perro mientras mira al suelo durante los paseos. Parece que sigue percibiendo o tal vez busca ese perrín que junto a su silla “especial” y su andador de valiente caminaba incansable y feliz a su lado…siempre a su lado animando a esas piernas a que fueran tan fuertes como rocas : “¡Vamos Fabio, lo conseguirás!”. Y ¿Por qué no? Seguramente sigue y seguirá siempre caminando al lado de Fabio, perro y niño, niño y perro en una de esas amistades que solo dos seres especialmente maravillosos como ellos comprenderán.

Hasta siempre Roky, sigue caminando a su lado.