daño, consulta con la protectora de animales de Guardo, que les indica dónde pueden acudir: Hospital Clínico Veterinario de León.
La familia con el corazón encogido de pena ante el temor de que en el Hospital les den como única solución el sacrificio de Roky, emprenden un angustioso viaje hacia León, la madre recuerda cómo Roky quiere a Fabio, el padre piensa cómo él mismo quiere a Roky… están a punto de darse media vuelta cuando llegan a la puerta pero… ¿y si Roky está sufriendo?... Hay que entrar.
Una vez que entran en el Hospital, todo cambia, les atiende un Doctor, al que llamaremos Dr. M., hizo a Roky todo tipo de pruebas y exploraciones, les alegra el alma cuando les dice que no cree que Roky sufra, su vida transcurre en un estado de semiinconsciencia. Hay que esperar el resultado de la resonancia pero Roky vuelve a casa.
Roky sigue disfrutando cada vez que se acuesta sobre Fabio, apoya su cabeza sobre las piernas del niño como si el calor que le pueda dar hiciera que algún día esas piernas fueran veloces y corrieran junto a él.
La llamada llegó. El Dr. M. telefonea a la familia. Algo no va bien en la cabecita de Roky su cerebro no se ha desarrollado… es “un perro discapacitado mental”. La noticia es dura, pero… no se engañan, no les sorprende, ya veían que Roky era…”un perro especial”, y por eso los padres en la familia tiene muy pensada su decisión:
ESTO VA A SEGUIR HACIA ADELANTE , Roky no es el perro perfecto, pero…¿hay alguien así? Quieren a Roky, le proporcionarán el tratamiento que el Dr. M. les diga y seguirán dando a Roky las caricias que saben a cielo. Mantendrán la esperanza… Roky puede mejorar. Cuentan con la ayuda de la Protectora de Guardo que les acompaña en cada decisión sobre el perrito.
Roky seguirá adorando a Fabio, estará a su lado, queriéndole, y Fabio continuará jugando con el rabito del perrín ¡Sólo a él se lo permite!.. No se puede decir que este cuento se acabó, porque queda mucho camino, un camino con la esperanza de que las cosas… mejoren...
ROKY… EL FINAL DE LA HISTORIA
¿Os acordáis?: Roky, Fabio… unos seres especiales… ¡Sí, esos! Yo sigo siendo el narrador de esta historia que continuó así:
Durante varios meses Roky fue un perro feliz: saltaba, jugaba, obedecía, comía… un perro como todos los perros que alcanzaba su máxima felicidad cuando estaba junto a Fabio... “¡Cómo le quiero, lucha Fabio que te ayudaré siempre!... Fabio miraba a sus pies buscando al perrito mientras con su mano signaba “perro, perro”. Su relación fantástica seguía evolucionando.
Los meses pasaban dentro de la normalidad… hasta que un día Roky enfermó, su estómago no iba bien pero la familia en silencio, sin atreverse a comentarlo unos con otros, vieron como el perrito volvía a hacer esas cosas “raras” que hacía al principio. Lo llevaron al veterinario… Hay que esperar, no sabemos…
Aquella tarde el aire estaba pesado y algo en la luz del sol hacía que la tarde fuera una tarde “inquietante”. La madre llegó primero a casa: “¡Roky, Roky, ven bonito la medicina!” pero Roky no venía y la madre se temió lo peor buscó por el jardín sin querer encontrar lo que sabía que iba a encontrar y sí, allí estaba, el cuerpecito de Roky, inmóvil, quieto, sin esas cosas “raras” que hacía… sin vida. Sin poder evitarlo, lloró, lloró delante del cuerpo del amigo de Fabio hasta que los ojos no quisieron o tal vez no pudieron soltar más lágrimas. Avisó al padre que respondió con un silencio helador al otro lado del teléfono, ¿quizás lloraba? ¡Qué vacío, qué tristeza!
En la mente de esta familia queda un vacío enorme ante la marcha de un perro tan pequeño. La sonrisa aparece cuando piensan que por lo menos esos meses Roky fue feliz, y conoció el cariño de una familia y sobre todo del niño brillante.
Pero… ¿Fabio? Fabio no lloró, Fabio signaba y sigue signando la palabra perro mientras mira al suelo durante los paseos. Parece que sigue percibiendo o tal vez busca ese perrín que junto a su silla “especial” y su andador de valiente caminaba incansable y feliz a su lado…siempre a su lado animando a esas piernas a que fueran tan fuertes como rocas : “¡Vamos Fabio, lo conseguirás!”. Y ¿Por qué no? Seguramente sigue y seguirá siempre caminando al lado de Fabio, perro y niño, niño y perro en una de esas amistades que solo dos seres especialmente maravillosos como ellos comprenderán.

Hasta siempre Roky, sigue caminando a su lado.
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