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A
finales del año 2001, varias amigas, concienciadas
con el abandono y el maltrato hacia los animales, decidimos
hacer algo por ellos, no podíamos cruzarnos de
brazos ante tanto dolor como veíamos a nuestro
alrededor. Decidimos arrimar nuestros hombros, juntar
nuestras fuerzas para ayudarles, y después de
mucho pensarlo y debatirlo, sabiendo además que
encontraríamos mucha incomprensión hasta
en nuestras propias familias, proyectamos crear un albergue
donde pudiéramos cobijar a esos seres tan desgraciados.
Después les buscaríamos un hogar donde
los trataran con la dignidad que se merecen. En la actualidad,
de todas las que empezamos en ese hermoso proyecto,
solo quedamos Belén, Genoveva, María (amas
ded casa) y Silvia que con sus 19 años lleva
mucho tiempo volcada en este empeño.
Comenzamos muy ilusionadas por lo primero: buscar un
lugar donde poder tenerlos recogidos, fuera de la calle.
Nadie nos prestó la ayuda que esperábamos,
a nadie le importaba el problema, a nadie le importaba
la suerte de estos pobres animales y, paradójicamente,
es esa misma sociedad que nos dió la espalda,
la que los abandona, la que los maltrata.
Después de dar muchas vueltas y ante la negativa
de la gente a quien acudimos a pedir ayuda, decidimos
solicitarla al ayuntamiento; todo eran trabas, impedimentos,
no les interesaba el tema. Después de muchísimo
insistir, y quizá por nuestra repetida y molesta
pesadez, nos cedieron un pequeño terreno donde
nos construyeron seis cubiles, dando lugar de esta forma
a la fundación de lo que llamamos en aquel momento
y "pomposamente" nuestra protectora...
No estuvo el recinto vacío mucho tiempo, en Noviembre
de 2001 metimos a "MORA" nuestra primera "inquilina"
y después otra y otra.... y así hasta
llegar a 55 perros que tenemos en la actualidad.
Dicen que todos los comienzos son duros y nosotras lo
pudimos comprobar rápidamente, teníamos
que traerles el agua del río en bidones de 5
litros que llevábamos a mano por unos caminos
llenos de escombros y barro para que pudieran beber.
Después de limpiar el recinto diariamente, teníamos
que llevar la basura al primer contenedor del pueblo
que viéramos, pues ni uno nos pusieron. En invierno
tenemos que ir todos los días a romperles el
hielo de los cubos del agua porque de lo contrario se
quedan sin beber y en verano ir a refrescarles porque
se nos asfixian de calor.
Pronto se nos quedaron pequeñas las instalaciones
y tuvimos que ampliarlas con lo que pillábamos,
vallas, alambres, contenedores y cosas viejas que la
gente tira, incluida ropa para abrigarles ya que al
ayuntamiento era inútil pedirle nada.
Los primeros registros de animales los hacíamos
en cuadernos llevados de casa y escritos a lapicero,
pues el bolígrafo se congelaba y los cuadernos
nos los comían los ratones, al igual que los
sacos de pienso. En la actualidad, 7 años más
tarde y orgullosas de lo conseguido hasta ahora, seguimos
pidiendo ayudas y gracias a la gente que quiere a los
animales, como nosotras, seguimos adelante, aunque con
muchos apuros.
A día de hoy, ya no es "vanidoso" por
nuestra parte llamar a nuestro pequeño recinto
Protectora, prueba evidente son los 55 animales que
habitan en ella, aunque nuestras instalaciones están
en tan pésimas condiciones que se nos caen a
pedazos...
Genoveva
de las Heras Rodríguez.
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